martes, 17 de febrero de 2015

SIETE SANTOS FUNDADORES DE LOS SIERVOS DE MARIA

(Memoria, febrero 17)

Según la Tradición, hubo siete hombres muy respetables y honorables a los que Nuestra Señora unió, a manera de siete estrellas, para iniciar con su colaboración material y espiritual, la Orden suya y de sus siervos. Los siete nacieron en Florencia (Italia); primero, llevaron una vida eremítica en el Monte Senario, dedicados especialmente a la veneración de la Virgen María. Después predicaron por toda la región toscana y fundaron la Orden de los Siervos de Santa María Virgen, aprobada por la Santa Sede en 1304.
Se celebra hoy su  memoria porque en este día, según se dice, murió San Alejo Falconieri, uno de los Siete Santos Fundadores, en el año 1310. (Tomado de: “Un Santo para cada día”, San Pablo, 2007).

La espiritualidad mariana y el valor que ella tiene en la vida de los discípulos del Señor Jesús, que defendieron los Siete Santos fundadores cuya memoria hoy celebramos, ha estado y está cargada de sentido para los hombres de nuestros días ya que la persona de la Virgen María como “discípula” nos invita fuertemente a escuchar a Dios, a meditar su Palabra y a ponerla en práctica de manera pronta y generosa. Por eso, es necesario que hagamos un pare en nuestro caminar en la vida de fe y veamos hasta qué punto nuestra “espiritualidad mariana” se queda sólo en portar una imagen suya en la billetera, construirle una gruta en algún lugar de la casa o tristemente hacer de vez en cuando un rosario por cumplir; se trata de pasar a lo  esencial: venerarla con un afecto especial porque es ella “Madre y Maestra” y como bien lo dice el papa Francisco: “Para ser el discípulo amado hay que acoger en la casa (la vida) a María” con todo lo que ello implica. Los Siete Santos Fundadores defendieron e impulsaron no algo que escucharon de otros, sino una experiencia vital que los acercó al Señor siendo cercanos a su Madre, la Virgen, y que con gran valentía y constancia esparcieron por medio de la Orden de los Siervos de María.

Que ella, la Virgen Madre, interceda por nosotros ante su Hijo y nos alcance la gracia de tener una vida auténticamente cristiana.

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