jueves, 27 de agosto de 2015

HAGAMOS DE LA FAMILIA UNA VERDADERA COMUNIDAD

Hagamos de la familia una verdadera comunidad

“Por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor”
(Ef. 1, 4).

Muchos ladrillos o piedras pueden ser simplemente un montón de ladrillos o piedras; pero si los ordenamos debidamente y los unimos unos con otros, según un plan o proyecto, podemos entonces levantar las paredes y hacer con ellos una casa.
También nosotros los hombres podemos vivir sólo como si fuéramos un conjunto de personas, sin que nos preocupemos unos de otros, sin que nos ayudemos ni nos amemos. Seremos entonces semejantes a un montón de ladrillos.
Pero si vivimos unidos y nos preocupamos por el bien de los demás, formaremos lo que llamamos una COMUNIDAD. Varias personas forman una comunidad cuando viven unidas, y por lo tanto tienen cosas en común.
La voluntad de Dios es que los hombres vivamos no solamente juntos, como el montón de ladrillos, sino unidos; formando comunidades, donde todos
nos veamos como hermanos, hijos de un mismo padre: Dios; interesándonos por los demás; ayudándonos unos a otros.

Que las ideas que exponemos ayuden a los padres de familia a hacer de su hogar una comunidad, eso precisamente: una comunidad de amor que sea así cada día más conforme con la voluntad salvadora de Dios.


MILAGRO, Alfonso, Meditando la vida. Editorial Claretiana, 1996, pp. 221-222

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