viernes, 29 de julio de 2016

LA AMISTAD NO SE BUSCA, SE ENCUENTRA




Muchas personas que viven al rededor nuestro, que comparten gran parte de su tiempo con nosotros son personas con las cuales se entabla una relación de cordialidad, es decir, les comentamos algunas de nuestras preocupaciones, deseos y sueños, pero con el pasar de los tiempos este trato se va extinguiendo. 

Sin embargo, en nuestra vida tenemos encuentros que cambian del plano de la cordialidad al plano de la verdadera amistad, un momento en el cual sentimos frente a una persona una intensa simpatía, como una vibración que se da improvisadamente; algo indefinido, algo que se siente con una gran intensidad, en consecuencia, de todas estas expectativas nace una realidad, un alma amiga, hacia la cual sentimos una atracción misteriosa e irresistible. En este momento empieza a circular un dinamismo que se expresa en actitudes precisas como: al amigo se le piensa, se busca su presencia, se demuestra alegría; el amigo se convierte en el tú con el cual se dialoga íntimamente.

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