viernes, 19 de agosto de 2016

LA HUMILDAD


Es una virtud que parece muy sencilla de cultivar, pero que necesita de mucha reflexión para lograr ponerla en práctica. Para ello hay que hacer un discernimiento y encontrar nuestras fallas; a nivel social, conyugal, laboral, etc., con el fin de dar lo mejor de sí a los demás. 

Jesucristo en la última cena da una muestra de humildad a través del ejemplo de vida, esto lo podemos observar en evangelio de san Juan; 13, 1-15, en donde nos dice: “… Jesús… se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos». Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.”

En este pasaje de las sagradas escrituras vemos como para ser los primeros, debemos servir con humildad al prójimo, pues debemos dar ejemplo de vida. En nuestras vidas y en el entorno en el cual nos encontremos procuremos ser humildes, ya que toso en la tierra es pasajero y sólo nos quedara las obras que hagamos con nuestro prójimo.

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