jueves, 4 de agosto de 2016

ACERQUEMONOS VIRTUALMENTE



"Por qué no pensar el diálogo con Dios como un hecho virtual. Lo que hace que creamos y vivamos a Dios es la trascendencia que le damos a nuestra creencia y pensamiento."


El pensamiento del ser humano siempre ha tendido hacia la creación, la invención; también hacia la búsqueda de lo que es verdadero, tanto, que se puede plantear como un dogma, entendiendo dogma como «principio básico e innegable de una ciencia» y a la vez en perspectiva cristiana que sería «la verdad cierta que debemos creer porque viene de Dios» y por qué no acuñar una frase desde lo virtual como el principio cierto para evangelizar en el tiempo en que vivimos.

Pero más allá de todo esto, ¿qué es lo que podemos plantear como correcto en una realidad actual en la que parece que todo se ha relativizado, en la que se habla de pérdida de valores y todo parece laxo en palabras de algunos por causa de la tecnología, la era virtual y digital?

La virtualidad no es algo que esté en discusión con lo real. A la virtualización “Antes que temerla, condenarla o dedicarse a ella en cuerpo y alma, hay que aprehenderla, pensarla, y comprenderla en toda su amplitud” (Ascott, 1995.)

Ante todo esto, debo decir que la virtualidad, lo digital, no es ni positivo, ni negativo, es más, ni siquiera es neutro. La ciencia, la tecnología, nos han sido dadas, ha sido el mismo hombre quien ha hecho esta creación. La apuesta de la Iglesia Católica en todo su conjunto, seminaristas, religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos, el gran pueblo de Dios, debe ser poner todos los medios al servicio de la promoción del bien de los demás.

Es el ser humano quien da sentido a cada cosa que lo circunda y es el mismo ser humano el que se afecta y afecta a los demás en sus sentidos y sentimientos a partir de esas mismas cosas que se encuentran en el universo. Lo virtual es el mundo que existe, es el mundo en el que somos y nos movemos, entonces ¿por qué no evangelizar desde ese mismo mundo?

Evangelizar en y desde lo virtual nos acerca ya a la convicción que “lo virtual no es, en modo alguno, lo opuesto a lo real, sino una forma de ser fecunda y potente que favorece los procesos de creación, abre horizontes, cava pozos llenos de sentido bajo la superficialidad de la presencia física inmediata” (Ascott, 1995.) Y qué mejor para que la Iglesia se acerque a sus fieles que a partir de la realidad que se vive.

En la actualidad, la Evangelización Digital debería estar arraigada en cada rincón de la Iglesia Católica, en cada templo, capilla y más aún en el pensamiento de cada consagrado, ya que es una nueva forma o mejor, es la forma que nos permite llegar a más personas, a veces tan alejadas desde el punto de vista geográfico, pero también desde el espiritual de la Palabra de Dios, porque no tienen alguien que las guíe con un mensaje verdadero de amor y misericordia dado sólo por Dios.


Por: Farud Bríñez, ssp.

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