jueves, 11 de agosto de 2016

DIOS EN LO VIRTUAL




La palabra virtual procede del latín medieval virtualis, que a su vez deriva de virtus: fuerza, potencia. En la filosofía escolástica, lo virtual es aquello que existe en potencia pero no en acto.

El libro de Michel Serres, Atlas, ilustra el tema de lo virtual como «fuera de ahí». La imaginación, la memoria, el conocimiento y la religión son vectores de virtualización que nos han hecho abandonar el «ahí» mucho antes que la informatización y las redes digitales.

¿Por qué no pensar el diálogo con Dios como un hecho virtual? Lo que hace que creamos y vivamos a Dios es la trascendencia que le damos a nuestro pensamiento y creencia. Al igual que en lo virtual no vemos a nuestro interlocutor, pero sabemos que es y existe. Es una persona no tangible pero real.

Nuestro diálogo con Dios no es imaginario como no es imaginario lo virtual. La noción de tiempo-espacio se desplaza; desterritorializamos nuestro ser para ir al encuentro pleno con Dios y en el universo cultural con la otra persona. El avance del universo cultural tiende a una inteligencia colectiva y es ahí donde se debe insertar el sentido pastoral-virtual de la Iglesia, integrarse a esa inteligencia colectiva con el aporte de los valores, el sentido de la vida, el respeto por la persona y su dignidad.

Todos debemos aportar “Así, séase investigador en física energética, sacerdote, responsable de una administración pública u operador financiero, en casa caso, tal o cual cualidad intelectual se verá más favorecida que otra. La comunidad científica, la Iglesia, la burocracia estatal o la Bolsa encarnan formas diferentes de inteligencia colectiva, con sus distintos modos de percepción, de coordinación, de aprendizaje y de memorización. Las "reglas de juego" social, a presidir los tipos de interacción entre los individuos, modelan la inteligencia colectiva de las comunidades humanas, al igual que las aptitudes cognitivas de las personas que participan en ellas.


Por: Farud Bríñez, ssp

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