lunes, 12 de septiembre de 2016

MISERICORDIA: LA FORMA COMO DIOS ACTÚA

 Por: Arcesio Guerrero ssp.
Septiembre 12 de 2016.

La misericordia de Dios es infinita. Y todos, independientemente de nuestra raza o condición, necesitamos de esa misericordia. Desde las primeras páginas de la Sagrada Escritura se pone en evidencia la fragilidad del ser humano quien, seducido por sus ambiciones, no logra sobreponerse a la tentación del pecado: “Ustedes serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que no lo es” (Gn 3, 5).  La historia del hombre aparece, entonces, marcada por una fuerte tensión entre ir hacia Dios y mantenerse en una vida de pecado. A este respecto, escribe el apóstol Pablo: “advierto en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi espíritu, y paso a ser esclavo de esa ley del pecado que está en mis miembros” (Rm 7, 23). 


 La Sociedad de san Pablo invita a la Peregrinación al Señor de los Milagros de Buga,
como conclusión del Año Jubilar de la Misericordia.

En el horizonte, y como una contraposición a la fragilidad humana, emerge la figura de un Dios que no solamente acompaña la historia de su pueblo o de un Dios justiciero y vengador, sino  de un Dios que sabe el barro del que el hombre fue hecho y le ofrece su constante auxilio, para que busque la Verdad y sea plenamente feliz: “Pues él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2,4). 


Se trata de un Dios “rico en misericordia” (Ef 2,4), que ama entrañablemente a sus creaturas, como lo deduce el Evangelista Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga la vida eterna” (Jn, 3,16). La muerte de Cristo es, entonces, la expresión máxima del amor de Dios por la humanidad que alcanza a todos individualmente. Consciente de esta verdad, el apóstol Pablo afirma: “me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20). 


Es este el misterio que contemplamos. Y, tal como lo afirma el Papa Francisco, en la bula de convocación al Jubileo de la Misericordia, siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia (MV 2). En ella encontramos la fuente de alegría, de serenidad y de paz. Ella es condición para nuestra salvación. Es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. La Misericordia es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros (…). El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros.


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